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La cultura ciclista de Montreal y mi desafío al Mont-Royal.

Te comparto mi experiencia sobre la cultura ciclista en la isla Montreal, Canadá, que aprecié durante mi trayecto hacia el cerro Mont-Royal en pleno verano.

Este cerro es emblemático en la ciudad y tiene una historia potente. El paisajista Frederick Law Olmested fue el diseñador y lo asocian al Central Park de NY, ya que diseñó ambos. Vivir en esta gran ciudad me ha permitido aprender muchas cosas; quise compartir algunos factores importantes que me hicieron entender un poco más la cultura Québécois, los puedes ver aquí.

Lo bueno tarda en llegar.

Después de un año estando en la metrópoli de Quebec, hoy por fin se logró dar la oportunidad de visitar el cerro Mont-Royal sobre dos ruedas.

Con una bicicleta básica, sin amortiguaciones, talla M, aro… no estoy segura, pero pienso que 26. Nada técnico ni tecnológico. Lo comento porque, en otra condición de mi vida quizá hubiese preferido alquilar una MTB. Sin embargo, valoré lo que me ofrecieron y quedé re contenta por todo lo que experimenté.

COVID-19 para ciclistas.

Al planificar mi ruta, procuré ir bien equipada; casco; luces, agua y una muda. Soy una chica que suda mucho al hacer deporte. Por supuesto, comida, llevé un huevo y un chocolate que mi mamá me regaló. No tuve la necesidad de usar mascarilla, porque, el gobierno permite ejercitarse fuera de casa cumpliendo las medidas necesarias, alguna de ellas, mantener 2 metros de distancia.

La cultura ciclista de MTL.

Las calles por las cuales iba a transitar para llegar a mi destino solo fueron dos; Rue Rachel E y avenue du Mont-Royal O. Nada complicado. En Montreal es difícil perderse, pues las avenidas son horizontales o verticales, nada de rotondas, callejones, u otros.

Reparaciones en la vía. En el fondo el Estadio Olímpico.

Durante el camino fui bien pendiente de los compedales; sus gestos principalmente. Me di cuenta que Montreal tiene mucha cultura ciclista, la gente señaliza con sus manos, un alto porcentaje utiliza casco, también, peatones y automóviles respetan los 800 km de ciclovia que hay en verano.

En relación a las calles, pensé que serían increíbles, pues la ciudad desde que llegué está en construcción vial, sin embargo, me di cuenta que no. Lo resentí mucho porque la bicicleta no tenía amortiguaciones.

Atravesé varias villas en mi trayecto, vi muchos talleres de bicicletas, también, ciclista de todo tipo; oficinistas, deportistas, familias y muchos millennial como yo.

El Cerro San Cristóbal canadiense.

Vista norte desde el mirador Camillien-Houde.
Vista norte desde el mirador Camillien-Houde.

Llegué a los pies del cerro; ya iba a comenzar mi desafío. Entré por la calle Voie Camillien-Houde, inmediatamente sentí lo empinada que era la subida, lo que más procuré fue mantener una cadencia en todo el trayecto. Me recordó la subida por Pio-Nono para ir al San Cris.

Me mentalicé para tomar un descanso en el primer mirador que da vista hacia el sur, porque la presión de mis piernas y corazón lo pedían, aparte con la camelback sentía muy sudada mi espalda.

Al llegar al mirador me percaté que habían algunos ciclistas. Preferí continuar porque mi adrenalina había subido y mi deseo por conocer el tiempo total de mi ascenso me causaba curiosidad.

Continuaba en la ruta, la pista era bien ancha para nosotros los ciclistas, veía pasar a los más expertos por mi lado, llenos de ímpetu y constantes, no habían muchos metros de distancia, podía sentir su respiración agitada, también, alguno que otro gemir de cansancio.

Ya faltaba menos, así pensaba. La ladera se estrechó después de la última curva, transitaban automóviles, autobuses y motociclistas; los motores mantuvieron su distancia. Me sentí segura para seguir pedaleando.

Cuando la cuesta estuvo muy pronunciada, solo atiné a controlar mi respiración, me enfoqué en eso, al cabo de un rato lo tenía dominado. Mis piernas seguían haciendo su trabajo y la mente, alentando sin cesar que lo iba a lograr. 3 minutos después, encontré la planicie y di con la entrada al parque. Solté un grito de pasión.

Última curva cerrada antes de llegar al mirador con vista sur.
Última curva cerrada antes de llegar al mirador con vista sur.

Selfie-break

Debo tener alma de porrista, porque siempre que logro un desafío deportivo soy mi propia barra. Obvio me controlo para no espantar a la gente. Tardé 20 minutos y los disfruté a tope, ya había pasado mucho tiempo sin montar una bici con destino al cerro. Quise continuar para llegar al mirador y capturar algunas fotos.

Me ubiqué en la escalera del chalet y me dediqué a observar el espectáculo multicultural. No soy experta reconociendo culturas, pero habían más de 12, quizá exagero, o, me quedo corta. Sabes, me sentí privilegiada de poder hacer este paseo en bicicleta por esta bella y gran isla, en realidad, nunca lo imaginé.

Me acerqué al mirador, le pedí en inglés a unas chicas que me tomaran un par de fotos, ellas estaban al lado mío y como vi su talento para posar en la cámara, no dudé en pedirle ayuda con las mías. Sabía que eran las indicadas. Me tomaron como 15 en diferentes ángulos, yo otras tantas selfies.

Avancé un poco al otro lado del mirador, acomodé mis cosas para servirme mi huevo cocido y un chocolate. Tenía un poco de hambre, pero mucha más sed. Me tomé mi tiempo y aproveché de ponerme mi primera capa, el sol se estaba escondiendo y preferí partir.

Ya lista para la bajada entré en la ruta y me dediqué a disfrutar, las bajadas siempre se gozan, siempre. En esta oportunidad fue por velocidad más que por habilidad y técnicas de montaña. El aire en mi cara, la vista espectacular de la ciudad, la energía,  Realmente disfruté todo.

Bonjour ciclistas en Montreal.

Debo reconocer que la cultura ciclista de Montreal es bastante buena, la gente es civilizada, señaliza, respeta los tiempos de los semáforos para ciclistas, aunque siempre hay excepciones. En invierno presencié uno que otro, pero las cifras dicen que el 17% de los ciclistas lo usa todo el año, aún cuando hay -20º bajo cero. Yo salí a trotar con ese clima y se me congelaron hasta las pestañas!

Transité por calles muy amplias solo para nosotros los ciclistas, en ocasiones, pedalee por tramos muy defectuosos, teniendo que evitar constantemente los hoyos y el mal estado del pavimento.  Aún así, me sentí muy segura.

Todos aquellos que vibran sobre las dos ruedas, ya sea para hacer deporte, transportarse al trabajo, tal vez hobby, o los que se están motivando, realmente disfrutarán los rincones de la ciudad, podrán apreciar en mayor detalle los diferentes barrios, la arquitectura de éstos, sus parques, personas de diferentes etnias y enormes filas en los restaurantes populares debido a las nuevas medidas sanitarias tras la pandemia.

Pedaleando sobre la calle Rue Rachel O.

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