Viajes

Tu próximo destino: Hornopirén.

Viajando por tierra; asfalto, fango y mar.

 

Llegar a uno de los pueblos que da inicio a la puerta norte de la Carretera Austral fue un poco agotador,  pero te prometo que mis ojos no se fatigaron de apreciar bosques tupidos, altísimas montañas y ríos de aguas vivas. Viajé en bus desde la capital para llegar a mi próximo destino, Hornopirén. 

Desde el terminal sur de Santiago tomé un bus en dirección hacia Puerto Montt, X Región de los Lagos. Coticé mis pasajes en Recorrido.cl y por ser temporada baja pagué $16.400 CLP. Fue un viaje de 12-13 horas, escogí salón cama por comodidad. El trayecto no es aburrido, es bastante recreativo, mucho verde, mucha fauna, mucho color. El bus no viajó directo, pasamos por algunas ciudades antes de llegar a destino. 

Pisé el terminal Rodoviario de Puerto Montt y corrí a comprar el boleto que me llevaría hasta Hornopirén. Kemel bus Los Navegadores son las empresas que tienen recorrido hasta la zona. Me costó $5.000 CLP y el precio se mantiene durante todo el año. Como no calculé el horario de llegada, perdí el primer bus, así que me tocó esperar un buen rato hasta la próxima salida. Al final tomé el último que sale a las 17:00 horas. ¿Te resulta complicado? Yo creo que es cosa de organizarse y calzar los tiempos. Espera que te cuente todo lo que experimenté durante el siguiente trayecto.

Caleta Puelche.

Cien kilómetros de sensaciones.

Escogí ventana para recorrer los 109km faltantes. Poco a poco se perdía lo urbano y mi mente se estimuló. La estructura de las casas cambió, los espacios delimitados por murallas ahora eran de vegetación. De pronto, el bus se detuvo, habíamos llegado a Caleta La Arena, íbamos a cruzar en Ferry por el Estuario de Reloncaví, pero antes, salí a comprar una empanada. Vendían de mariscos que nunca probé ni escuché, escogí de camarón-queso como siempre. Mientras las freían estaba pendiente del bus, qué hacía si perdía la barcaza? 

En caso extremo tendría que hacer dedo, no fue el caso porque cuando volví el operario estaba en los vehículos cobrando los boletos, incluso a las bicicletas. Acto seguido, nos embarcaron por orden de llegada. Ya ubicados sobre el transbordador, el chofer abrió las puertas.

Pelo al viento sobre el Ferry.

Me acerqué a los miradores que estaban en el segundo piso. El vaivén que se produjo fue intenso por culpa del viento, me agarré bien de los pasamanos para mirar la isla que estaba en medio del mar, un mar que se perdía en el horizonte. 

Arribamos en Caleta Puelche, el inicio de la Provincia de Palena. Cada vez queda menos, solo faltaban algunos km, que por cierto, no fueron los más veloces porque están asfaltando la carretera; hubo cortes en la vía; retrasos por el barro y paradas constantes por la obra. Aplica completamente el dicho: El que se apura en la Patagonia pierde su tiempo. 

Bienvenidos a Hornopirén 

¿Cuántos tipos de verdes puedes contar?

Mientras avanzábamos por la carretera austral nunca dejé de ver nuevos verdes, eran incontables como las estrellas. Admito que me sentí muy ignorante porque no fui capaz de reconocer al menos cuatro especies de árboles nativos. Qué puedo decirte, una pena. En varias ocasiones el bus se detuvo para dejar a los pasajeros en pueblos anteriores a Hornopirén, dándome tiempo para apreciar más en detalle las tupidos bosques, pero, cómo conseguía sus nombres? estaba difícil la misión. 

Los letreros anunciaban Hornopirén, mientras leía nombres de pueblos que jamás escuché como Pichicolo; Caleta el Manzano; bueno, mi mente frágil ya no recuerda otro. A los minutos, apareció el más esperado, “Bienvenidos a Hornopirén”. En mi mente dije: ¡Al fin! Es que después de 3:30 horas sumado las otras 12 desde Santiago, necesitaba un descanso. El auxiliar me preguntó acerca de mi parada; decidí bajarme en la plaza. Allí empezó mi aventura.

Sabrás que hay otras formas de llegar, yo experimenté en auto desde Santiago, gran experiencia, me pude detener en cada lugar que quería. Además,  conocí a un estudiante que llegó en bici desde la capital hasta Hornopirén, ni a mi se había ocurrido, típico por miedos o el clásico «Eso es imposible». Obvio se llevó mis elogios.

En fin, en el pueblo encontré lo esencial durante mi estancia. No fui con grandes expectativas, pero me atrapó tanto que terminé viviendo 6 meses allá, en la casa que aparece en la primera imagen, a los pies del Volcán Hornopirén y a 50 metros del Parque Nacional del mismo nombre.
Mi estilo de vida cambió, te lo iré contando más adelante, así que si hablo mucho de la comuna, poco a poco entenderás porqué.

Vista frontal desde la casa/refugio, un día típico de primavera.

 

Quiero hacer una mención para el fotógrafo Gastón Torres, quien ha capturada las dos primeras imágenes de este relato. ¡Muchas gracias!

2 Comentarios

  • Sol

    Woow.!! Siempre es bkn leerte coty sigue empapandote de experiencias sensaciones, encontré maravilloso que compartas con todos esto que derrepente encontramos tan íntimo seca una abrazo enorme y hoy es cuando no más po, querer es poder ❤️

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